La historia: Nació en Maracaibo el 3 de julio de 1810, hijo del coronel Miguel Antonio Baralt, marabino de ascendencia catalana, y de Ana Francisca Pérez, dominicana. Su nacimiento ocurrió en medio del movimiento de la independencia de Venezuela, que había sido una colonia española por más de tres siglos. Debido a las dificultades de las guerras independentistas, su familia decide trasladarse a Santo Domingo (República Dominicana), de donde era originaria su madre; allí transcurrió su infancia e inició sus estudios primarios.

En 1821, a la edad de 11 años, regresa a Maracaibo y a esa temprana edad ingresa en la milicia, al incorporarse al Cuerpo de Cazadores Volantes del ejército patriota, bajo el mando de su propio padre. En 1824, ya consolidada la independencia, su tío paterno, don Luis Andrés Baralt, fue electo senador del Congreso de lo que hoy llamamos La Gran Colombia, con sede en Bogotá, y lleva a Rafael María a esa ciudad. Allí culmina sus estudios secundarios e ingresa en la Universidad de San Carlos, donde estudió latinidad, derecho público y filosofía hasta obtener el título de bachiller, que para la época era un grado de la educación superior.

Regresa a Maracaibo en 1828 y, por haber prestado servicio en el ejército nacional y contar con estudios superiores, fue designado oficial único de la Administración de Correos del Zulia. En 1831, cuando ocurre la separación de Venezuela de la Gran Colombia, comienza una nueva etapa en su vida: se radica en Caracas, donde se desempeñó como funcionario del Ministerio de Guerra y Marina.

En 1832 se graduó de agrimensor público en la Academia Militar de Matemáticas, creada un año antes por Juan Manuel Cagigal (fundador del primer observatorio astronómico del país). En marzo de 1833 se casa con Teresa Manrique, perteneciente a la alta aristocracia caraqueña, con quien tuvo una hija, Manuela Luisa.

El 7 de junio de 1835 estalla la llamada Revolución de las Reformas en contra del gobierno del doctor José María Vargas. Baralt combatió en el bando que defendía la presidencia de Vargas hasta que, el 1 de marzo de 1836, los insurrectos fueron derrotados. Alcanzó el rango de capitán de artillería, pero en ese momento decidió abandonar la carrera de las armas para entregarse de lleno a la escritura.

Ya dedicado a las letras, el nombre de Baralt fue adquiriendo un gran prestigio entre la intelectualidad de su tiempo al colaborar en importantes diarios literarios de la ciudad, como El Correo de Caracas y La Guirnalda. Por aquellos tiempos usaba el seudónimo «A. A. A.», probablemente por ser las primeras vocales de sus nombres y de su apellido: Rafael María Baralt.

En 1839, el gobierno de Páez decidió publicar las dos obras fundamentales del coronel ítalo-venezolano Agustín Codazzi: el Resumen de la geografía de Venezuela y el Mapa físico y político de la República de Venezuela. A esta iniciativa se sumó la idea de publicar también un libro sobre la historia nacional, tarea que le fue confiada a Baralt.

Junto con su colaborador, Ramón Díaz Flores, se dedica con gran ahínco al encargo recibido y en tan solo un año completa su obra: la historia del país transcurrida entre el siglo XV y el año 1830, cerrando con un breve bosquejo de lo ocurrido entre 1831 y 1837. El 11 de julio de 1840, Codazzi, Baralt y Flores se embarcan hacia Francia para gestionar la publicación de los mencionados trabajos. Así, en 1841 nació el Resumen de la historia de Venezuela, impreso en tres volúmenes por la casa editorial H. Fournier de París.

A su regreso a Caracas, el gobierno le encomendó un estudio sobre los límites de la Guayana Inglesa con Venezuela, ya que para ese momento Inglaterra había invadido una parte del territorio nacional. El 13 de septiembre de 1841 fue enviado a Londres con el fin de aclarar la situación con el gobierno británico. De allí parte hacia España, específicamente a Sevilla, para localizar en el Archivo General de Indias los documentos históricos que comprobaban los derechos de Venezuela sobre esos territorios. Dichos alegatos fueron presentados a Inglaterra, pero ésta, siendo la mayor potencia del momento, hizo oídos sordos a los planteamientos de un pequeño país.

Baralt no regresó a Venezuela; se estableció en Madrid, donde se hace conocido en los círculos literarios de esa capital. Comenzó a trabajar como periodista publicando columnas en diversos periódicos importantes, sin abandonar su actividad literaria. En 1844 escribió su poema «Adiós a la Patria», donde expresa la nostalgia y el amor por su tierra natal, y en 1849 ganó el primer premio en el concurso de El Liceo con su obra Oda a Cristóbal Colón, consagrándose como un gran escritor en el mundo de la habla hispana.

En septiembre de 1853 fue nombrado miembro de la Real Academia Española, convirtiéndose en el primer hispanoamericano en ocupar un sillón en esa importante institución. Dos años después, en Madrid, la Imprenta Nacional publica una obra de su autoría: el Diccionario de galicismos, un estudio sobre las palabras y frases de la lengua francesa introducidas en el habla castellana, en un grueso tomo de 709 páginas que aún hoy se sigue reeditando.

Su prestigio como escritor talentoso y su reconocimiento como integrante de la Real Academia Española le granjearon el afecto de la reina Isabel II, quien le concedió cargos oficiales relevantes, como los de administrador de la Imprenta Nacional y director de la Gaceta de Madrid; además, fue condecorado con la Real Orden de Carlos III, una de las más altas distinciones de España. Sin embargo, más adelante vendrían tiempos muy duros.

En 1855 fue designado ministro plenipotenciario de la República Dominicana (la patria de su madre y donde vivió su infancia) con el fin de concertar con España el reconocimiento de la independencia de ese país. No fue fácil, pues España aún no había asimilado la pérdida de esas colonias, y Baralt era oriundo de Venezuela, el país que había iniciado el proceso independentista en América del Sur. Por otra parte se supo que tanto él como su familia habían participado en el mencionado proceso,  y se generó una gran desconfianza en su contra.

Se violó la confidencialidad de su correspondencia oficial y se divulgó una carta en la que Baralt emitía opiniones negativas sobre los gobernantes españoles, lo que le generó una situación crítica. La reina Isabel II lo destituye de sus cargos públicos, el gobierno español lo desconoce como ministro plenipotenciario de Santo Domingo y lo enjuicia ante el Tribunal Supremo.

Finalmente, el tribunal dictó una sentencia absolutoria que lo reivindicó públicamente, pero el mal ya estaba hecho: Baralt había caído en una profunda depresión, lo cual precipitó su fallecimiento en Madrid el 4 de enero de 1860, a los 49 años de edad. A pesar de su corta existencia, creó un estilo propio y dejó obras que lo acreditan como maestro de la lengua castellana.

Tras su muerte, sus restos se extraviaron y transcurrieron 122 años hasta ser recuperados. El 24 de noviembre de 1982 fueron sepultados en el Panteón Nacional, en Caracas, donde reposan actualmente.

Plaza Baralt en Maracaibo

Un detalle: El 30 de agosto de 1821, como abanderado del Cuerpo de Cazadores Volantes, Baralt pudo ver a Simón Bolívar en su visita triunfal a Maracaibo y unió sus vítores a los de la muchedumbre que aclamaba al Libertador, quien unas semanas antes había triunfado en la Batalla de Carabobo.

Otro detalle: Se suele decir que Venezuela logró su independencia en 1821 con la victoria en “Carabobo”, pero la emancipación definitiva del país se consolidó el 24 de julio de 1823 con el triunfo patriota en la Batalla Naval del Lago de Maracaibo, hecho que Baralt presenció a sus 13 años desde las orillas del lago. Este evento y muchos otros en los que participó le sirvieron para convertirse, años más tarde, en el gran cronista de estas gestas.

Otro detalle: El 16 de enero de 1830, Baralt figuró entre los firmantes del acta que apoyaba la separación de la Provincia de Maracaibo de la Gran Colombia. Para ese momento tenía solo 19 años, pero ya demostraba capacidad para asumir decisiones trascendentales.

Otro detalle: Páez no solo le encomendó redactar el Resumen de la historia de Venezuela, sino también revisar el manuscrito del Resumen de la geografía de Venezuela, escrito por Agustín Codazzi. Como Codazzi había nacido y crecido en Italia, su dominio del castellano no era el adecuado para una redacción de esa magnitud. Por ello, el texto de esa obra fundamental posee la prosa y el refinado estilo de Baralt.

Otro detalle: Páez se sentía muy orgulloso de haber promovido la publicación de estas obras. En su autobiografía anotó: «Animé a Baralt para que diese al mundo su excelente Historia, una obra clásica que España no desdeña en colocar entre los mejores trabajos escritos en su idioma».

Un último detalle: En 1883 se inauguró el Teatro Baralt de Maracaibo, considerado el epicentro cultural del estado Zulia, teatro que en 1932 fue ampliado y modernizado en estilo art déco. En 1888 se erigió la Plaza Baralt en el casco histórico y comercial marabino, presidida por una estatua de bronce a tamaño natural del ilustre escritor. En 1953 se abrió en el oeste de Caracas la transitada avenida Baralt, que conecta La Pastora con Quinta Crespo. Finalmente, en 1982 se fundó en Cabimas, en la Costa Oriental del Lago, la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt.

FUENTES

  • Grases, Pedro. Rafael María Baralt. Editorial Grijalbo, 1990.
  • Olivares, Atenógenes. Siluetas ilustres del Zulia. Imprenta Nacional, 1988.
  • Rafael María Baralt. Escritos políticos. Ediciones Clío, 2022.
  • Diccionario general del Zulia. Eds. Banco Occidental de Descuento, 1999.
  • Diccionario de historia de Venezuela. Eds. Fundación Polar, 1988.

Por francisco

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